Juegos Folklóricos Infantiles 


Una parte importante de la cultura folklórica chilena corresponde al sector infantil. Adivinanzas, trabalenguas, juegos y juguetes, rondas, canciones, oraciones, poesías, dichos son conocidos por la mayoría de los niños chilenos. 
Muchos de los contenidos folklóricos infantiles están en permanente modificación, por que los niños incorporan en ellos elementos que van creando o que toman de los medios de comunicación, especialmente de la radio y la televisión. Sin embargo, hay otros que sufren modificaciones muy pequeñas, como por ejemplo los romances que los niños mantienen vigentes cantándolos mientras realizan juegos de palmas. 
A través de los distintos contenidos de la cultura folklórica, los niños expresan su creatividad de manera abierta y espontánea. 
Algunos de estos juegos son: 

EL VOLANTIN  
Este es uno de los juegos más atractivo para los niños y adultos, la mayoría de nosotros  en alguna oportunidad lo hemos tenido en nuestras manos. 
A través del tiempo el interés por los volantines ha disminuido, en relación con los cientos de cultores que tenia en el pasado. Pero aun así logra mantener su especial y tradicional encanto. 
El volantín es la versión chilena del cometa y tiene una larga historia. Según Oreste Plath “en la historia de la civilización occidental se da el nombre de Archytas de Tavento como inventor del juego del cometa”. Este filósofo y matemático vivió entre los años 460 al 365 antes de Cristo. 
Sus primeras apariciones en Chile fueron a fines del siglo XVII durante la colonia, cuando jóvenes sacerdotes misioneros, principalmente monjes benedictinos, competían entre ellos como con otras congregaciones. Era esa la época en que reinaban los famosos ”pavos”, llamados también “jotes”, que alcanzaban dimensiones de cuatro a cinco metros por lado y que necesariamente debían ser sujetados por varios hombres. Se afirma que don Ambrosio O’Higgins fue un cultor destacado de este juego, lo que indiscutiblemente ayudó a ampliar su difusión. 
Posteriormente dadas las reyertas que producían en su ejecución, fueron dictados mandos que normaron el juego. Tal es el caso del bando dictado por el gobernador don Luis Muñoz de Guzmán, en 1796, que ordenaba que no se podían encumbrar volantines “dentro de la traza general de la ciudad”, pudiendo hacer, sin embargo, en cañadas y orillas del río donde la espaciosidad permite el libre uso, sin el menor riesgo de esta diversión. Se dice que en los predios de la cañada alta, lo que hoy es provincia, se le veía a menudo encumbrando volantines y los presidentes, desde Manuel Bulnes a José Manuel Balmaceda participaron inaugurando los concursos de los volantines. 
Existe una gran variedad de volantines, de todas formas y colores. Los hay en forma de circulo, como figura humana, estrellas, peras, figuras de aves o de animales, etc. Todos ellos corresponden a los llamados volantines algunos de los cuales son pequeñas obras de arte, llegando incluso sus autores a montar exposiciones en donde lucen sus creaciones más elaboradas. 
Además de estas formas existen otras más populares, como la ñecla cuyas dimensiones son muy menores a las del volantín común. También está la cambucha, que es confeccionada con cualquier papel, incluso de diario, dándole forma de cucurucho. Esta no lleva armazón de madera, pero si los tirantes y una cola. 
El volantín se hace con papel de seda muy delgado, de colores variados y hermosos. Los volantineros más entendidos señalan que el papel nacional es un poco más grueso y, por lo tanto, más resistente, aunque el importado, por ser más delgado, remonta mejor con el viento, por poco que éste sea. 

BOLITAS 
Este juego tremendamente atractivo para los niños chilenos, irrumpió con toda su fuerza en el siglo pasado y a llegado hasta nuestros días constituyendo un indudable juego folklórico infantil. 
Básicamente el juego consiste en hacer chocar entre si, dos o más bolitas, derivándose de ello una gran variedad de juegos.  Uno de ellos es la Troya. Para jugarlo se dibuja un circulo sobre la tierra y, dentro de él, cada niño que participa coloca una cantidad de bolitas previamente acordada. Luego se elige el que va a comenzar, ya sea en el sistema de cachipún, tirando todos los niños sus bolitas al suelo y, el dueño  de la bolita que quedó más cerca del circulo es el que empieza. El primer jugador lanza una bolita hacia el circulo, intentando sacar de él el máximo de bolitas junto con la bolita que lanzó. Si sacando o no bolitas de dentro del circulo, la suya queda adentro, se dice que se ahogo y debe retirarse del juego. Si por el contrario su bolita sale del circulo pero no logra sacar ninguna otra, solo pierde su turno y debe esperar que jueguen todos los demás.  
Las bolitas que se utilizan son de cristal, acero, piedra o barro cocido y pintado. Los niños les dan diferentes nombres según sus tamaños y características: las de cristal más pequeñas la llaman “ojito de gato” El “pepón” es la más grande de las bolitas  comunes, y el “bolón” es la de mayor tamaño. 

EMBOQUE 
Según Oreste Plath el juego del emboque está emparentado con el juego de las bolitas. El juguete, confeccionado en madera, tiene forma de campana con un agujero en el centro. De ella sale un cordón delgado y flexible en cuyo otro extremo está atado un pequeño madero de un calibre menor que el hoyo de la campana, de manera que pueda calzar en el. 
El juego consiste en lanzar al aire la campana y buscar ensartarla, cuando cae, en la punta del madero. 
Algunas veces el juego se realiza individualmente y otra en dúo, ganando aquel que emboca mayor cantidad de veces ininterrumpidamente. 
Actualmente los emboques se confeccionan entorno.

EL TROMPO 
Este juguete es de origen antiquísimo y ha perdido vigencia en nuestro país, principalmente por que su uso ha sido prohibido en los establecimientos educacionales. 
Se trata de un cono de madera en cuya punta va enterrada una púa de hierro. Partiendo de ella se enrolla un cordel de manera ascendente por el cono y el otro extremo de la cuerda se enrolla al dedo índice. Luego se lanza el trompo jalando fuerte la cuerda, de manera que empiece a girar cuando toque el suelo. 
Cuando el trompo está bailando, el jugador puede tomarlo en la mano, ya sea haciendo ascender la púa por el dedo índice o por el canto de la mano. 
Se pueden hacer diversos juegos con el trompo. Uno de ellos es la Troya y la palomita. 
Según el sonido que producen cuando están girando, los trompos reciben diversos nombres cucarro, cuando el sonido es áspero y plumita o sedita cuando es silencioso. 

 

Juegos Folkloricos de Adultos

En la antigüedad quienes jugaban más asiduamente eran los varones. Estas características se mantienen en Chile.
El hombre actual tal vez pretende lograr, por medio del comportamiento lúdico, quemar energías, relacionare con el grupo, obtener destreza, competir y ayudarse del azar para ganar. 
En los juegos de adultos vigentes en Chile encontramos tanto aquellos que son producto de nuestro mestizaje, como otros que son solo autóctonos. 

EL RODEO 
Entre todas las fiestas y juegos típicos de adultos, de nuestro país, el rodeo es uno de los más emocionantes, alegres y llenos de colorido. 
Describiéndolo en forma simple, podría decirse que simboliza la lucha permanente del hombre con el animal, para someterlo a las necesidades de la agricultura. En esta lucha, jinete y caballo son un todo que batalla hasta imponerse a cada pieza del ganado vacuno. 
Actualmente, el rodeo es una practica deportiva criolla que se rige por normas muy estrictas, pero se origino en el duro trabajo del campesino. Nació hace siglos, de la necesidad de ordenar el ganado. En cada primavera, los animales eran traídos desde los cerros, donde pasaban el invierno. 
De regreso, había que comprobar el número de animales, marcar los nuevos y “arreglar “ o castrar los novillos. 
En la traída del ganado participaban los huasos más fuertes y hábiles en el manejo del caballo y del lazo. Había que conducir a los animales bordeando precipicios, cruzando ríos, bajando y subiendo pendientes. Muchos vacunos se espantaban y descarriaban, y los huasos tenían que correr velozmente tras ellos, atajarlos y lacearlos, para llevarlos de nuevo a unirse al grueso del ganado. 
Una vez reunidos, había que rodearlos en rápida carrera para separar a los que pertenecían a distintos dueños. Finalmente se les llevaba a los corrales. Hacerlos entrar por la “manga” o camino que lleva a cada uno de ellos era difícil, porque los vacunos se desordenaban y corrían desorientados. 
Dentro del corral, se apartaban los que iban a ser “arreglados” y los que debían marcarse. Todo esto en diestras manos del huaso con su  lazo y su caballo. Los animales bajaban de los cerros briosos y rebeldes, de modo que controlarlos exigía mucha pericia. Dominarlos, era para los huasos motivo de gran satisfacción, por que así demostraban su capacidad y fortaleza física. 
Como esta fama generó rivalidad al elegir los mejores, se origino un juego: el rodeo. 
Inicialmente se realizaba en corrales rectangulares, pero el animal se dañaba en las esquinas. Más tarde se convirtió en circulo, como un redondel. 

LA RAYUELA 
La rayuela es otro juego de adultos tradicional en nuestro país. Consiste en lanzar tejos circulares y metálicos hacia una raya trazada con tiza en el suelo o hacia un lienzo colocada a lo ancho del extremo de la cancha. 
Cada jugador tiene dos tejos y el éxito consiste en que caigan sobre la raya o lienza. Así se producen el “punto bordeado” y “el punto quemado”, una vez que se completa el número de puntos acordados, el juego se termina.  
La rayuela nació en los cuarteles militares. Los soldados la idearon sobre la base de antiguos juegos españoles. Trazaron canchas en los patios de los carteles, entreteniéndose durante largas horas. Fue muy conocido sobre todo en el cuartel de Dragones de la Reina, al fondo del Palacio de Gobierno. 
Sin embargo, pronto este juego salió de los cuarteles, adoptándolo el pueblo entero, en especial los criollos y mestizos, que se encargaron de mantenerlo durante toda la Colonia.  
Tanto arraigó en las costumbres populares, que llego hasta nuestros días, sobre todo en campos uy aldeas, sin dejar de lado los pueblos y las grandes ciudades, donde se han creado los “Clubes de Rayuela” 

CARRERA  A LA CHILENA 
Aunque las carreras de caballos han sido conocidas desde los más remotos tiempos, no se sabe con exactitud como empezaron en Chile. Algunos historiadores consideran que las más antiguas formas de correr eran las llamadas carreras de resistencia, en las que se probaba el alcance del jinete y del animal.  
Durante La Colonia se puso de moda una variante muy especial, con características propias y originales. 
La carrera a la chilena es la obra de un personaje típico de nuestros campos, en particular de la zona central; el huaso. Era este un campesino enriquecido, de origen mestizo, que ha subsistido hasta los tiempos actuales, y que cultivo una especial dedicación hacia el caballo. Fue él quien creó esta peculiar versión, que se extendió ampliamente en campos y poblados. 
Como quiera que fuese, las carreras eran fiestas de mucha fastuosidad y, sobretodo, un acontecimiento social. A ellas concurrían hombres y mujeres de todas las edades y condiciones, clases y razas. 
Para realizar la carrera a la chilena, era necesario disponer de una cancha apropiada. Estuvieron repartidas a lo largo del país y era raro encontrar un pueblo donde no existiera una. Las más famosas se verificaban en un llano que distaba como cinco millas de la ciudad y a ellas concurrían hasta diez mil personas. Los señores iban en grandes carretas entoldadas, tiradas por bueyes. 
Una vez en el lugar de las carreras, formaban una especie de calle con las carretas, muchas de las cuales estaban pintadas por fuera a semejanza de casas, y en el interior adornadas con cortinas. 
A la hora de la  comida, cada familia sacaba sus provisiones y todas se sentaban en el pasto y comían juntas. Durante estas reuniones, las apuestas eran habituales. “Así pierden, escribe un historiador, las talegas de monedas, las vajillas de plata, las manadas enteras de ganados mayores y aún esclavos”. 
A consecuencia de ello, se dictó un bando en 1738 en el que se suprimían  las carreras de caballos en todo el país. Sin embargo, fue imposible extirpar esta costumbre en un pueblo ”tan rumboso  y tan de a caballo como el huaso de Chile”. 
En las postrimerías  de la Colonia, estas diversiones comenzaron a perder importancia y a ser reemplazadas por que interpretaban mejor a la nueva sociedad. A medida que aumentaba la paz y se desarrollaba la agricultura, crecía la seguridad y se aminoraba el estado de guerra, decrecía la influencia militar de los gobernadores y aumentaba la administrativa, los torneos y presentaciones ecuestres comenzaron a declinar. Eran también otros tiempos. 
Las carreras de caballos están vigentes en nuestros días con variantes en su reglamentación, pero la base de la carrera en si y la alegría popular son las mismas. 

LA TABA 
Es un juego muy antiguo, tanto que ya los primitivos griegos lo conocían. Es el juego de azar precursor de los dados. Las tabas sirvieron también de objeto adivinatorio. 
En América el juego de “La taba” se practica mucho entre los gauchos argentinos, que entre otros nombres lo designan como “tirar el hueso”. 
Lo que parece cierto  es que desde Argentina pasó a Chile y parece que primero lo jugaron los Araucanos que lo llamaban “tefan”, y después a los hombres de la Patria Vieja. En 1942 ya hay disposiciones que prohiben en la calle  la rueda de jugadores de taba. 
Para este juego ordinariamente se usa el hueso astrágalo de la pata de carnero o cordero, pues los del ganado vacuno, “tabones” son demasiado grandes. 
La Taba presenta cuatro caras que se distinguen con los nombres de hoyo, tripa, carne y culo y se juega tirándola sencillamente al aire, mientras los dos que hacen la apuesta, cada uno elige la cara que quiere. El que acierta la posición gana. 
Se gana si al caer la taba queda hacia arriba el lado llamado carne, se pierde si es el culo. 
Hay tabas con maulas, trampas. Y estas se llaman tabas cargadas. 
Una partida organizada de este juego se llama “tabeada” y el juez que arbitra la reunión es el “canchero”.