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La
empanada apareció en Chile, cuando aún don Pedro de Valdivia
no terminaba de poblarnos. Con el correr del tiempo se transformo en
comestible criollo, horneada o frita en grasa rellena de “Pirru”, vocablo
indígena que llamo así al picadillo de carne, huevo, pasas,
cebollas, color, ají.
Volviendo a la historia, alguien emparentó este bocado colosal con la comida de los moros. Es posible, no olvidemos que ese pueblo domino por siglos a España, manteniendo sus costumbres. José
Eyzaguirre, cocinero chileno declara:
¡ Póngale más picadillo dicen en la Madre Patria ! ¡ Póngale más pino gritamos en Chile ¡ La industrialización de las panaderías nos han privado del encanto auténtico de las buenas empanadas de antaño. Hoy las hacen por miles en serie. Pero aquella que la formula casera, cocidas en horno de barro y muy caldúas; resultan como p´ resucitar muertos, decía mi abuelo que era acampao. Ese aroma llega a gran distancia. Era un festín en medio de la tarde romántica y campesina de un tiempo lejano, perdido irremediablemente en los horizontes del tiempo. ¡ SALUD ¡ |